Antonia Mercé (la Argentina) no sólo revolucionó las formas y expectativas de la danza española, sino que participó en la reconceptualización de la danza moderna como arte digno de comentarios serios, contribuyendo a su engranaje en el horizonte de las artes modernas. Como Duncan, como Pavlova, como Nijinsky, no sólo produjo nuevas formas en su propia disciplina, sino que también impulsó nuevas lecturas que dieron cuenta del cambio en el lugar y el alcance de la danza en el panorama estético moderno. En cada una de las etapas de su carrera, Mercé se convirtió en piedra de toque para los escritores más ambiciosos de la escena occidental, que pugnaron por dar cuenta de sus aportaciones a la danza y al horizonte amplio de las artes modernas. Este artículo se enfoca en los primeros años de su carrera, en particular en su recepción en diferentes países de América Latina durante su primera gira continental (1915- 1917), para mostrar cómo Mercé suscitó nuevas maneras pensar y escribir sobre la danza, a la vez que explora el fenómeno poco estudiado de la bailarina lectora.